Hawaii podría legalizar la producción y comercialización del cáñamo en 2018

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Desde 2014 Hawaii tiene la posibilidad de cultivar y producir cáñamo industrial de manera legal, gracias a la ley que firmó el entonces presidente, Barack Obama, conocida como la ‘enmienda cannábica’ o ‘hemp amendment’.

Esta ley permitió a todos los estados que tuvieran ya una producción de cáñamo industrial –éste, entendido como la planta no sicoactiva, de la cual se extraen aceites, fibras y otros derivados– expandir sus cultivos hasta los laboratorios y las universidades; en otras palabras: un puñado de estados podían iniciar programas de investigación con cannabis, pero sólo dentro de sus fronteras y con propósitos exclusivamente investigativos y nunca comerciales.

El éxito obtenido con estos programas ha derivado en una nueva iniciativa impulsada por el senado hawaiano, para expandir este programa hasta instancias comerciales: es la Ley del Senado número 1052, y será discutida en enero de 2018.

Las implicaciones de la ley son simples, pero profundas: de ser aprobada, Hawaii podría sumarse a los estados que han ignorado la prohibición federal, y se uniría a aquellos capaces de cultivar, producir y comercializar la cannabis; y con ello, iniciar su industria.

Es una ley que pretende, pues, expandir su actual programa piloto de cultivo, y permitir que se pueda, además de investigar, comerciar con la cosecha; todo, una vez más, dentro de las fronteras hawaianas.

Con ello no sólo se abrirían las puertas para un nuevo mercado de cannabis, sino que se potencializaría la capacidad actual de producción, ayudando a los granjeros que dedican a ello su vida.

Otros estados están en circunstancias muy similares: Kentucky, Dakota del Norte, Minessota y Nueva York, han crecido de forma exponencial su capacidad de cultivo gracias a estos programas piloto, derivados de la ‘hemp amendment’. El de Hawaii sería un primer paso para que este puñado de estados, que ya tienen un permiso federal de cultivo, lo expandan, y con ello, le pongan fin a la prohibición federal, o al menos, se acerquen a ello.

En julio de este año, Virginia del Oeste dio un primer paso hacia esa dirección, cuando aprobó una ley que le permite no sólo cultivar y producir la planta para propósitos de investigación, sino también comerciales.

La legislación, además, no sólo consideró al Departamento de Agricultura o a las universidades, sino a cualquier persona que, con una licencia, sea capaz de destinar un pedazo de tierra para la siembra, cuidado y cosecha y comercialización de cualquier planta. Esta licencia es dada por el Departamento de Agricultura del estado.

Hawaii busca hacer lo mismo, y con ello, unirse a estados como Colorado, Oregon, Maine y California, que simplemente han ignorado la prohibición federal y han abierto sus capacidades productivas al mercado de cannabis.

Colorado, como sabemos, fue uno de los primeros en reformarse: desde 2013 sus agricultores cultivan cannabis con propósitos comerciales; desde entonces, su capacidad en acres cultivados de cannabis ha ido creciendo: se estima que en 2016 tenía 5000 acres destinados a la planta, y para el 2017 se duplicó la cantidad a 1000 acres.

Oregon, por otro lado, legalizó la producción industrial del cáñamo en 2009, pero no fue hasta 2014, una vez que el Departamento de Agricultura del estado aprobó su marco regulatorio formal, cuando inició su mercado productivo. Durante este año, Oregon produjo cáñamo en 3,469 acres.

De acuerdo con el Reporte al Congreso, del 2005, titulado El cáñamo como mercancía de la agricultura, Estados Unidos es uno de los pocos países desarrollados que no han consumado un mercado de cáñamo industrial. Los expertos señalan que el tamaño es de casi USD$600 millones anuales, y tiene usos potenciales en las industrias de alimentos y bebidas, energética, de cosméticos y manufactura.