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África podría ser el próximo gigante de la cannabis en el mundo

“Los niveles más altos de producción de cannabis a nivel global tienen lugar en África”, se lee en el documento, Cannabis in África, publicado por la Organización de las Naciones Unidas; y de acuerdo a los más recientes avances en la materia, bien podría ser el continente africano el nuevo gigante cannábico del mundo.

Esto no ha pasado desapercibido para los gobiernos africanos; sin ir más lejos: el día de ayer, Verve Dynamics, una compañía dedicada a la cultivación, producción y comercialización de cannabis, anunció que le fue concedida la primera licencia para vender la planta en Lesotho, con fines científicos y medicinales.

Richard Davies, managing director de la compañía, celebró el acontecimiento con estas palabras: “el acceso a la cannabis medicinal en el continente africano ha dado el día de hoy un paso hacia adelante: Verve Dynamics ha tenido el honor de contar con la primera licencia para procesar, cultivar y vender cannabis de alta calidad aquí en Lesotho”.

Esto quiere decir que el pequeño país africano será el pionero, en todo el continente, en iniciar su industria cannábica; y es que, pese a que cuenta con pocos recursos naturales explotables, cuenta con una tierra ideal para el cultivo de la planta, y gracias a su poderoso vecino: Sudáfrica, establecerá un nuevo comercio local e internacional que sacará su viejo mercado negro de cannabis a la luz.

Marruecos, por otro lado, tiene una larga historia de producción de Hashish; después de Afganistán, es el más grande productor de este derivado en el mundo. Su mercado internacional, de acuerdo con un informe de Bloomberg, da empleos a más de 800,000 africanos y genera alrededor de USD$10,000 millones cada año.

Ya en 2014, gracias al creciente mercado, el parlamento marroquí había intentado aprobar una ley para volver legal el uso médico e industrial de la planta: la ley no fue aprobada y el mercado permanece sin regular. Además, Ilyas El Omari, el legislador que propuso la ley, tuvo que renunciar a su cargo.

Otro avance importante se está dando en Malawi, país que es bien conocido por su tolerancia a la circulación de cannabis, al menos dentro de sus fronteras. Después de un periodo de prueba, el gobierno ha aprobado la cultivación de “marihuana no psicodélica”, para el uso industrial y el desarrollo de telas y alimentos.

Este es uno de los más grandes avances que ha tenido el país y el continente entero en la materia; pese a la lucha constante que ha tenido con grupos religiosos ultra conservadores, y claro, contra la monarquía.

Una comunidad que ha empujado el debate hasta las instancias más altas, es la rastafari, quienes, como sabemos, consumen la planta con fines místicos y culturales: es parte de su identidad como grupo.

En Ghana, otro de los países bien conocidos por su tolerancia a la cannabis, el debate ha logrado grandes pompas, sobre todo después de las declaraciones del profesor Alex Dodoo, el CEO de la Ghana Standards Authority.

“No digo que apostemos por la promoción de la cannabis, pero estamos viendo que varios países, entre ellos Canadá, están abriendo su mercado a la cannabis; en Alemania, Australia y el resto de los países que se están uniendo al movimiento, existe una fuerte demanda: si nosotros tenemos los mejores productos, ¿por qué no exportarlos? Podríamos generar entradas económicas importantes para nuestro país. Sólo digo que el debate debería al menos empezar, deberíamos considerar usar la cannabis con fines médicos y comerciales”.

A pesar de ello, tanto el gobierno, como el Consejo Cristiano de Ghana han respondido de forma furiosa en contra de la propuesta del farmacólogo Dodoo. “La cannabis destruiría el futuro de nuestra juventud”, han dicho los detractores.

“Países del primer mundo están regulando y legalizando la producción del cannabis, nosotros tenemos que estar abiertos al debate y no debemos caer en la histeria: estamos perdiendo el gran potencial económico al no utilizar ni escuchar los beneficios y el tamaño del mercado”, dijo a su vez Phiwayinkosi Mabuza, el ministro de Desarrollo Urbano de Swazilandia, la última monarquía absoluta del mundo.

Y es que la “dagga” se cultiva en este pequeño país de forma ilegal por los más pobres, para no morirse de hambre. El debate se abrió en esta región después de las palabras de Mabuza, y de las de Isaac Magagula, el Comisionado Nacional de la Policía.

“Recomendamos que un estudio amplio y riguroso se lleve a cabo por las autoridades sanitarias para considerar la legalización de la planta, ya que sabemos que tiene una importancia singular en el marco económico y médico del mundo; para nosotros, desde luego, implicaría un reto muy grande, y debemos reforzar nuestra ley para evitar su abuso”, dijo.

Sudáfrica, por último, es una de las economías más poderosas del continente, y es a la vez el mercado más grande y el que tiene más demanda de “dagga”; de acuerdo al reporte sobre drogas, del 2008, de la ONU, en este país se producen 2,500 toneladas de cannabis cada año.

En Sudáfrica, incluso, existe un Partido Dagga, presidido por Jeremy Acton, y en abril de este año ganó una batalla histórica contra el parlamento: y es que se logró aprobar una política pública para que los consumidores de dagga pudieran consumirla en sus hogares, de forma legal, pero sin que se cambiara es estatus legal de la planta en sí.

Acton estima que dentro de un año se podrá contar con una nueva regulación; además del piso que ha creado ya el gobierno sudafricano para el mercado de cannabis medicinal. Con todo esto, las fortalezas del continente más viejo del mundo, en materia cannábica, se perfilan para ser las que surjan de forma más potente para los próximos años.

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