Un colectivo de mujeres desafía a la industria: Women.Weed.Wifi

Amanya Maloba, Janice Ibarra, y Vanity Thomas son tres mujeres afroamericanas que con su colectivo Women.Weed.Wifi están desafiando a toda la industria del cannabis, cooptada, afirman ellas, por una vasta mayoría de hombres blancos acaudalados, mientras que la comunidad negra en Estados Unidos, que ha sufrido durante décadas las consecuencias de la guerra contra las drogas y la penalización, permanecen en la periferia, sin poder disfrutar, ni reclamar la parte que les corresponde del mercado.

Y es que, en la misma medida en que el mercado recreativo que se ha ido abriendo desde 2012, cuando Washington despenalizó el uso recreativo de cannabis, tanto la industria como la planta misma han ido ganando un lugar cultural de prominencia; resulta irónico si se recuerda que la postura anti-cannabis estadunidense llegó a su pináculo en la década de los setenta, cuando las tensiones ideológicas entre los bloques capitalista y socialista estaba, de igual forma, en su punto más álgido.

La marihuana era, en aquellos años, un elemento, por decir lo menos, contracultural; pues las tres mujeres de Seattle han iniciado el colectivo, precisamente, para devolverle a la cultura ese rasgo. A través de sus actividades, que incluyen Yoga cannábico, exposiciones de arte, venta y diseño de productos, conciertos y la organización de eventos como el conocido “Black Market”, en donde miembros de la comunidad afroamericana pueden capitalizar sus esfuerzos e innovaciones con el cannabis, el colectivo pretende explorar su identidad como minoría, la espiritualidad y la creatividad de sus miembros.

Es importante considerar que del 3.6 por ciento que representa la población afroamericana adulta en Washington, sólo el 2.7% posee una parte o está relacionada con el mercado de cannabis; la población latina, que representa un 9.5%, sólo posee el 3.6; y la disparidad es aún mayor a nivel nacional: según Bill Piper, director de la Drug Policy Alliance, de la Oficina de Asuntos Internos Nacionales, sólo el 1% del mercado lo posee la población no blanca.

Es precisamente este rasgo de homogeneidad el que pretenden romper las mujeres del colectivo: todos sus esfuerzos creativos están encaminados hacia esta meta. En palabras de Amanya Maloba: “nosotras creamos el colectivo en 2015, cuando la venta de marihuana en Seattle se hizo por fin legal. El dispensario en donde yo trabajaba estaba en el Distrito Central, que ha sido históricamente una comunidad negra. De repente los dueños de los dispensarios llegaron a capitalizar todo, mientras que muchachos negros seguían sufriendo las consecuencias legales de haber sido sorprendidos con pequeñas cantidades de marihuana, cuando todavía era ilegal.

De pronto se crearon todo un mercado que está vendiendo millones y millones de dólares, y que está definitivamente dominado por gente blanca, y que muchas veces ya era acaudalada. Nosotros como negros somos miembros de la industria, pero como vendedores de mostrador; nos pagan menos, y permanecemos en una categoría de desechables, al contrario que otros empleados blancos.

Yo lo viví, y Janice también lo vivió. Tenemos amigos en Oregón, En Washington que también lo han vivido. En cierto sentido es una fuerza que está en contra de todos nosotros, y yo creo que es importante que nosotras, como mujeres negras, controlemos nuestra parte del negocio”.

Janice Ibarra, por otro lado, dice: “el principal mensaje del colectivo es que nada es creado por sí mismo. Todo se debe a nuestras conexiones con lo otro. Amaya y yo nos encontramos gracias al aspecto espiritual del cannabis. Nos conocimos y fumamos cantidades copiosas y entrábamos en una especia de trance: intercambiábamos ideas, historias de nuestro crecimiento, de nuestros fracasos y de los abusos que hemos sufrido. De pronto quisimos compartir todo ese conocimiento con los demás, la idea del colectivo fue la mejor forma de lograrlo.

Queríamos deshacernos de la idea de ser leales a una empresa o corporación: a la mierda con eso, quisimos construir una sólida comunidad para nosotras mismas: gente a la que amamos, y que nos aman”.

“En cierto sentido”, remata, “estamos llenando los espacios que permanecían vacíos. Ésta es nuestra comunidad, nacimos aquí, tenemos nuestras raíces aquí, nuestros antepasados murieron aquí. Nuestro empoderamiento cultural es muy importante para nosotras, como lo es el feminismo. Al día de hoy, permanecen un montón de lugares, de espacios en la sociedad en donde las mujeres simplemente no pueden entrar”.

Las tres mujeres, ciertamente, podrían ser miembros de una banda de música, pero no lo son: su colectivo artístico pretende inspirar a otras mujeres a que se empoderen y alcancen la parte del mundo que les corresponde.

Los últimos dos años han sido particularmente buenos para el Women.Weed.Wifi, pasaron rápidamente de vender productos de su marca, a administrar un blog, un canal de Youtube, y eventos a larga escala como el arriba mencionado. Es, en suma, un grupo orgánico e integral que deriva en un importante bastión para mujeres afroamericanas que pretenden entrar a la industria verde.

Con información de YesMagazine y Fader.

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